Opinión Religión

Aceptando la incertidumbre

26 Mayo, 2014

Era inevitable…

El Presidente Luis Guillermo Solís izó la bandera multicolor en Casa Presidencial y junto a ella la bilis de muchos también subió hasta derramarse en emanaciones de intolerancia. Hay una parte del dilema que puedo entender, pero me parece que la situación general amerita un breve comentario.

Habiendo vivido la categórica perplejidad ante muerte de mi padre (y la de varios amigos), habiendo sobrevivido una adolescencia profusa en rebeldía (y alcohol), e inclusive 3 años en la escuela de matemática pura… estoy perfectamente claro del hecho de que esta vida tiene sobrado talento para llevarnos a abismos de la más amarga frustración y absoluta incertidumbre.

 

En dichos instantes de desilusión absoluta, cuando simplemente… nos quebramos, ¿habrá algo más reconfortante que una comunidad de personas que ofrecen el abrigo de una creencia compartida?¿La tranquilidad de tener la buena suerte de pertenecer a un grupo privilegiado al que le fueron entregados los mandatos del Todopoderoso Creador del Universo? ¿La seguridad inquebrantable de que Dios tiene un propósito para todo lo infame que tenemos que afrontar?

Es innegable: los confites anteriores son tentadores, es más, son la pomada canaria ideal. La comodidad perfecta.

El categórico fin de la incertidumbre.

Entonces, en vista de que todos nosotros hemos llegado al mundo en la mismita condición de tabula rasa, solo puedo decir una cosa ante quienes están abrigados en el consuelo de la Fe: entiendo.

El gran dilema

“Que cada quién crea lo que lo hace feliz, mientras que deje a los demás hacer lo mismo.” Cada vez que escucho dicho axioma, mi respuesta es la misma (aunque no siempre la enuncio): me gustaría que quien pronunció dicha sugerencia me enumere las religiones que limitan el dominio de sus creencias a sus congregaciones, sin tejer estrategias convencer a los demás de sus verdades absolutas. Pista: el número se asemeja mucho a la cantidad de parejas ticas a las que se les ha permitido llevar a cabo fertilización in vitro en suelo costarricense.

Entonces, mi postura es la siguiente: si nuestra especie hubiese sido dotada (hipotéticamente) de la capacidad de mantener las tradiciones mitológicas dentro de una cápsula, yo no tendría problema con dichas fantasías. Sin embargo, eso no es así.

En el Senado de EEUU, en el año 2007, el clérigo Hindú Rajan Zed fué interrumpido, por creyentes de una denominación distinta, cuando estaba a punto de ofrecer una oración Hindú.

Es más, es un hecho histórico: la creencia absoluta conlleva al deseo de querer compartir (por las buenas y por las malas) dicha verdad absoluta con los demás. Entonces: ¿será pragmáticamente posible reconciliar la libertad de culto con la libertad universal?

Respuestas no tengo. Se escuchan sugerencias.

Seguir cuestionando

Como ya ha pasado antes, la supervivencia de nuestra especie está afrontando  varios posibles cataclismos: el calentamiento global y el armamento nuclear siguen siendo sombras que nos acechan. Las creencias religiosas y sus correspondientes posturas políticas extienden lazos directos a ambos problemas.

El hecho es que en este momento no estamos ni cera de una resolución completa a ninguno de estos dos dilemas, y el tiempo no está a favor nuestro en ninguno de los dos casos. Como instructor de matemáticas y ciencias, tengo una proposición: fomentar (sobre todo en generaciones jóvenes) el hábito de cuestionar críticamente. En otras palabras: promover la idea de que ninguna persona, ni ningún libro, está por encima del derecho a ser investigado con todo el rigor científico que tenemos a disposición.

Matemáticas, Estudios Sociales y Angry Birds

Dicho tipo de cuestionamiento tiene su precio: disposición y energía mental para llevarlo a acabo. Hace poquitos años resonaba la idea de que los jóvenes que desarrollaron sus mentes en frente de una pantalla con 12 ventanas abiertas simultáneamente y jugando 4 horas de juegos de video estaban criando capacidades cognitivas súper humanas. Lastimosamente hoy en día se han cuantificado en cifras astronómicas las pérdidas económicas que la mísera capacidad de atención de dichas personas causa a las compañías en que laboran. Google Inc. invierte cuantiosos recursos en entrenar a sus empleados a mantener el foco de atención en las tareas que le atañen.

Por dicha razón, durante las tutorías de matemáticas que imparto procuro hacer mi mejor esfuerzo por enseñar el verdadero propósito de esta ciencia: aprender a hacer preguntas y aventurarse en el proceso de encontrar respuestas. Nada de recetas sagradas, por el contrario: ir armando un repertorio de herramientas construidas junto con el alumno. Es decir, la ciencia es el antídoto para no tener que verse obligado a creer solo porque una figura autoritaria dicta leyes (muchas veces incomprensibles). El autor William Harwood lo expresó bien cuando explicó la diferencia entre locura y fe:

“La diferencia entre la fe y la locura es que la fe es la capacidad de apegarse a una conclusión incompatible con la evidencia, mientras que la locura es la capacidad de apegarse una conclusión incompatible con la evidencia.”

Aceptando la incertidumbre

En este instante es imposible saber si la especie humana va a poder organizarse de tal manera que no seamos exterminados por nuestro propio abuso de los recursos naturales. Sam Harris, en su libro El Fin de la Fe hace un recuento pavoroso de la situación del armamento nuclear por parte de sectas religiosas extremistas en el medio oriente. Esto también es una gran fuente de incertidumbre.

No tengo la más remota idea de cómo reconciliar el conflicto entre las naciones que reclaman el derecho a explotar los recursos finitos de este mundo, tampoco tengo idea de cómo traer en razón a los grupos extremistas que maquinan acciones inflamatorias en nombre de su fe. Abrazo esta incertidumbre como preámbulo a una solución que ha de llegar.

Es decir, que si hemos de encontrar soluciones a estos enormes dilemas, es nuestro deber fomentar el cuestionamiento respetuoso y exhaustivo de toda opinión que pretenda tener impacto en el ámbito público. Esto incluye cuestionar las proclamaciones autoritarias de líderes políticos y religiosos.

Para terminar cito al gran Dr. Carl Sagan:

 “Encontrar el granito ocasional de verdad ahogado en un gran océano de confusión y engaño requiere inteligencia, vigilancia, dedicación y valentía. Pero si no ponemos en práctica estos exigentes hábitos de pensamiento, no podemos pretender resolver los problemas realmente graves que enfrentamos – y corremos el riesgo de convertirnos en una nación de los tontos, a merced del siguiente charlatán que aparezca.” [Dr. Carl Sagan, El Sutil Arte de Detectar Camelos]

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