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Escampar al lado del camino

Por suerte, el pánico escénico nunca me ha resultado un tema demasiado monstruoso. Quizás sea porque, antes de treparme al escenario, tengo los temas que voy a tocar rotando furiosamente en la cabeza. Quizás sea una controlable euforia. O, quizás, simplemente sea el whiskey. El punto es que las famosas maripositas en el estómago nunca me han impedido sentarme detrás de los tambores. Eso sí, el que consistentemente logre manejar los nervios -definitivamente- no es ninguna garantía de que vaya a tocar de manera inspirada. Un gran, escurridizo y cabrón trecho separa ambas condiciones.

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Hallar una finalidad cósmica

Con el torpe cuidado de cuatro amigotes inexpertos que se inclinan sobre un tronco. Quieren cortarlo para la fogata del campamento, pero no saben bien cómo llevar a cabo la tarea. Con gran determinación y poca elegancia, improvisan.

Con la ternura de la madre que posa su angustiada mano sobre la frente su hijo, afligido de fiebre, para que pueda vomitar a gusto.

Con la intrepidez de un marinero que acerca el borde de su cuchillo a la cuerda que deber cortar.

De esos tres modos, cuatro adultos, se inclinan sobre un niño que grita su despedida a todo pulmón. El chiquillo se percata está a punto de abandonar la vida de la manera más inconcebible, de mano de adultos.

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Aceptando la incertidumbre

Era inevitable…

El Presidente Luis Guillermo Solís izó la bandera multicolor en Casa Presidencial y junto a ella la bilis de muchos también subió hasta derramarse en emanaciones de intolerancia. Hay una parte del dilema que puedo entender, pero me parece que la situación general amerita un breve comentario.

Habiendo vivido la categórica perplejidad ante muerte de mi padre (y la de varios amigos), habiendo sobrevivido una adolescencia profusa en rebeldía (y alcohol), e inclusive 3 años en la escuela de matemática pura… estoy perfectamente claro del hecho de que esta vida tiene sobrado talento para llevarnos a abismos de la más amarga frustración y absoluta incertidumbre.

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Croquis de Mozambique

“Hay historias que son verdaderas, en las que el relato de cada individuo es único y trágico, y lo peor de la tragedia es que la hemos escuchado antes, y no podemos permitirnos sentirla demasiado. Construimos una concha alrededor de ella como si fuéramos ostras lidiando con una dolorosa partícula de arena, recubriéndola con suaves capas de perla con el fin de contener el dolor. Esta es la forma en que caminamos y hablamos y funcionamos, día tras día, inmunes al dolor y miseria de los demás. Si nos llegara a tocar nos dejaría lisiados o nos convertiría en santos; pero, en su mayor parte, no nos alcanza. No podemos permitir que lo haga.

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El justo de Orozco

“La psique humana está afectada por dos grandes enfermedades: el impulso de ejecutar venganzas a través de las generaciones y la tendencia a adosar etiquetas grupales a las personas, en lugar de verlas como individuos. La religión de Abraham constituye una explosiva mezcla de ambas (y a ambas legitima decididamente). Únicamente aquellos que no  ven porque no quieren ver pueden seguir sin relacionar la fuerza divisoria de la religión con la mayoría, si no todas, las enemistades violentas del mundo actual. Aquellos de nosotros que por años hemos ocultado cortésmente nuestro desprecio por la peligrosa alucinación colectiva que es la religión, necesitamos ponernos de pie y hablar. Las cosas son diferentes después del 11 de septiembre. “Todo ha cambiado, ha cambiado completamente””.

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